El último adiós.

Entre cigarros, cervezas y besos,
él me recordó que algunos quistes son resistentes a todo.
Entonces me preguntó:
¿Por qué empezaste a escribir?
Y le conté que los días y noches que decía Sabina, 
nada tenían que ver con el olvido.
Que no tenía ni puta idea, como todos esos que hablan sin sentir.


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