Escondida tras mi trinchera, evitando toda esta guerra.




Pasa que lo entiendes, se acabó.

Y en tu cabeza resuena ese último portazo con sabor a despedidas, cerrado, sin posibilidad de volver a entrar.

Pero recuerda, ya nada va a ser igual.
Ya no quiero que me toques, ni suave, ni lento.
Ya no quiero ser tu mundo, ni el nuestro.

Yo no estoy libre de pecado.
Pero...¿Y tú?
He decidido, incluso asimilado, que todas las ilusiones se las llevó alguien en un saco.
Ya no volveré a pronunciar tu nombre a bocas que no te conocen.

Estoy harta, congelada de mirarte y leerte a ciegas.
Buscándome en tus letras, como loca, pensando que serían para mi, siendo de otras.
Y ahora, que quieres que te diga, pero solo pienso que te irás y será la mejor solución a éste problema.
Y cuidado, que en esas maletas te llevarás toda la locura que tenía guardada para ti y cuando te des cuenta de que la tienes, seguirás proclamándome la guerra por quedarte un trozo de mi.

Mi amor, ya ves, las ganas se terminaron, 
las tuyas, 
las mías, 
las nuestras...
Después de todos esos cigarros a medias.
Humo,
solo humo,
es lo que queda de nuestras letras.

Ahora grítame,
sácame de quicio
ódiame de verdad.
Porque cariño, parece ser que es lo único que se te da bien ultimamente.

Y es que ya nada es como antes.
Pero es que antes, también era nada.

Y twitter dice que nos seguimos mutuamente...
¡Y qué coño sabrá él!

Ultimamente sigo a todo aquel que me deshaga en mi cama,
cualquiera que llene mi vacío, no el tuyo, sino el de mi eterno noviembre.

Hoy te escribo ti, mi último domingo de diciembre.


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